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Bizcocho de calabacín y chocolate

IMG_9651Lo prometido es deuda. Aquí traigo la receta del bizcocho de chocolate definitivo, apto para los intolerantes al huevo y adictos al chocolate. Lo preparé en agosto, por lo que ha estado esperando en mi ordenador al momento en que me diese la gana de escribir y dejar de ponerme excusas a mi misma con mi evidente falta de tiempo.

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Puede parecer que no he tocado un horno en todo este tiempo…o que no he tenido contacto con la comida  (JAJA). Y es que no sé si os habéis fijado en que últimamente si no se comparte por todas las redes lo que se hace, parece que no lo haces. Si sales de fiesta o de vacaciones y nadie lleva cámara de fotos, la conclusión a la que llega todo el mundo es que no sales. Llevándolo al extremo, parece que si no compartes fotos de lo que comes, no comes.

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Es que nos gusta fardar. No lo podemos negar. Nos encanta presumir.Y también nos encanta criticar, dicho sea de paso.

Y yo digo una cosa, a mí me encantan las fotos y quien me conoce bien sabe que disparo fotos allá por donde voy, aunque eso suponga que me llamen loca día sí y día también, otra cosa es que lo comparta todo… ¡con lo bonito que es jugar al despiste!IMG_9662

Aprovecho este domingo, que no es precisamente un domingo cualquiera, para darle al botón de publicar. Estoy segura de que hoy hace un poco más de calor de lo que es habitual para ser el mes de noviembre, al menos a este lado del Atlántico, porque la que escribe, hoy domingo, tiene de todo menos un bizcocho delante. ¡Una pena que no os lo vaya a contar!

Ingredientes

  • 300 gr. de calabacín limpio y pelado (*)
  • 125 ml. de aceite de girasol
  • 200 gr. de azúcar
  • 250 gr. de harina de repostería
  • 50 gr. de cacao en polvo sin azúcar añadida (**)
  • 1 sobre de levadura en polvo

(*) En recetas que he encontrado por internet, utilizan el calabacín entero, con piel y todo. Yo prefiero quitársela.

(**) Utilizo cacao Hershey’s en polvo sin azúcar. Tiene un sabor de chocolate muy intenso. Lo venden en muchos sitios, aunque yo lo compré en El Corte Inglés. Si no encontráis esa marca, puede servir cualquier otro chocolate en polvo para preparar a la taza. Utilizar Colacao o Nesquik le daría un sabor demasiado azucarado y no tanto de chocolate.

Preparación 

Como siempre, esto es muy fácil. Antes que nada, precalentamos el horno a 180 ºC.

Lo primero que hago es triturar con la batidora el calabacín hasta hacer una especie de crema. A esa crema, le añado el azúcar y el aceite. Con la ayuda de la varilla se integra todo, quedando una textura muy parecida a un yogur.

Tamizamos la harina, el cacao en polvo y la levadura y vamos añadiendo a la mezcla anterior. Lo hacemos poco a poco hasta hacer una masa uniforme y sin ningún grumo.

Horneamos a 180ªC durante 25 minutos.

Quedará un bizcocho con una textura jugosa y, por supuesto, el sabor de calabacín no se nota nada.

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Oda a Madrid

image3Aquí estoy. Tras varios intentos de volver al blog, hoy era el día. Ni quería ni podía esperar más.

No es que no se me hayan ocurrido historias, no es que no tenga miles de anécdotas que contar, no es que no me apetezca compartir parte de lo que he vivido en estos meses de silencio y no es que no haya tocado el horno de mi casa. Pero, sin que suene a excusa, por más vueltas que le doy no he sabido qué historia elegir…

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Así que, ahora, que estoy de vacaciones, he decidido que voy a tirar por la calle de en medio, y me voy a decantar por volver al blog dedicando unas palabras a la ciudad que ahora también es la mía…

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Querido Madrid:

Siempre he huido de las ciudades como tú. Tan locas, tan gritonas y tan desesperadamente atractivas. Nunca quise vivir aquí. Me conformaba con ciudades más tranquilas, menos ruidosas, más cercanas y con menos nervio.

Vine dispuesta a decirte barbaridades a la cara, aunque fuera la primera vez que me dirigía a ti. Sola. Directa. Y, tú, tan segura, tan moderna (a veces, extremadamente hipster) y tan sabia, me hiciste pensar que no me querías por aquí. Suerte que fue una equivocada primera impresión.

Pasaron los días, las semanas y los meses, nos fuimos enganchando la una a la otra. Me hice a ti, a tus ritmos, a tus sabores, a tus calles, a tu metro, a tu alegría, a tus locuras. Con tus ruidos y estruendos, consumes, agotas, engulles, no dejas dormir, pero enamoras. Enamoras mucho.

Gracias por disponer calles y terrazas, por hacer que siempre haya un plan, por hacer correr el viento en las noches de verano, por callarte en agosto, por dejarnos tomar el sol, por poner tu Retiro a nuestros pies, por tu aeropuerto, por ser la más importante, por acercarte y por insistir, por alejarnos de los peligros de sentirnos solos, por acompañarnos.

Porque aunque no estamos todos los días de un musical a otro y odiamos cada uno de tus atascos, vivir en Madrid mola. Mola un montón.

Atentamente, una andaluza (que vuelve al blog…)

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¡GRACIAS POR LEERME!

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Muffins doble chocolate

portada muffins doble chocolateTras este tiempo buscando trabajo intensamente, y no utilizo otro adverbio porque desconozco cómo puedo expresar lo increíblemente intensa que ha sido mi búsqueda, mañana vuelvo a Madrid indefinidamente. Estoy feliz e ilusionada… tanto, tanto que, entre el lío de las despedidas y listas de cosas por hacer, he sacado un ratito para hacer estas muffins espectaculares y aprovechar para comentar por aquí mi más que probable ausencia en las próximas semanas.

Y es que hoy me desperté pensando en las ausencias. Los cambios de etapas, incluso las más deseables, acarrean una gran cantidad de sensaciones diferentes y contradictorias. Ahora, en estos días, no es difícil encontrar historias de ausencias temporales y definitivas. Es fácil saber de relaciones que se van adaptando a sus circunstancias, que crean sus propias normas y establecen sus propios procedimientos; historias de amor líquido, que dice mi gran amigo Salva.

Muffins_Chocolate_1Tener un hermano en Polonia, una compañera portuguesa, unos amigos en Bélgica, una mitad eslovaca que habla perfecto andaluz, un gran amigo recién llegado de China haciendo planes para irse seis años a Estados Unidos, o una madre a muchos kilómetros es algo más común de lo que en un principio parece. Estas pequeñas historias de amor se han ido transformando, por necesidad. Y es que el mundo en el que vivimos se volvió loco cuando el sábado desapareció el Whatsapp durante cinco horas.

¡Tenemos un problema con la tecnología!
¡La sociedad vive enganchada al teléfono móvil!

No. La sociedad vive enganchada a sus historias. Eso creo yo.

Muffins_Chocolate_2He aquí mi pequeña aportación y agradecimiento a los ingenieros y técnicos que ayudan a que nuestras historias de amor líquido se hagan un poco más llevaderas, que nos dan la posibilidad de recibir besos cariñosos de color amarillo, peticiones compulsivas para quedar y avisos de llegada repentina.

Por suerte, el apagón del sábado me pilló rodeada de algunos de los de siempre, los que por mucho tiempo que pase, seguimos siendo los mismos, más viejos, menos pelo, diferentes planes y miles de historias en común que comentar hasta las tres de la mañana. No lo noté mucho. Pero lo noté.

Ingredientes para 12 muffins

  • 325 gr. de harina de trigo
  • 2 huevos
  • 1/2 sobre de levadura Royal
  • 1 sobre doble de gasificante (*)
  • 125 gr. de azúcar moreno
  • 115 gr. de mantequilla sin sal
  • 150 gr. de chocolate negro Nestlé postres
  • 180 ml. de leche
  • 1 cucharadita de zumo de limón
  • 1 cucharadita de extracto de vainilla
  • 1 cucharadita de sal
  • Chips de chocolate

(*) El gasificante para respostería lo venden en Mercadona. Yo lo usé también para las Magdalenas Bella Easo. Puede ser sustituido por una cucharadita de bicarbonato sódico.

Preparación

Antes que nada, vamos a preparar el suero de leche o Buttermilk. Es algo que suele acompañar muchas recetas americanas y que aparece en muchos libros de repostería. Se obtiene cuando la nata se bate para hacer mantequilla, y aunque lo venden hecho, es muy fácil prepararlo en casa rápidamente, con la leche y zumo de limón. Mezclamos los 180 ml. de leche con la cucharadita de zumo de limón, removemos y dejamos reposar durante diez minutos. Parecerá leche cortada, pero al incorporarlo en la receta se obtiene mucha más esponjosidad y un cierto sabor a miel.

Precalentamos el horno a 180ºC.

Mientras tanto, derretimos el chocolate junto a la mantequilla al baño maría o al microondas. Si lo hacéis al baño maría, no dejéis de removerlo con una cuchara. Si es al micro, en tramos de 30 segundos. Cuando el chocolate y la mantequilla tiene un aspecto igualito al de los anuncios de Lindt, añadimos el azúcar moreno y removemos bien para integrarla. En un plato aparte, batimos los huevos y los añadimos a la mezcla anterior. Removemos bien. Para terminar con los ingredientes líquidos, vamos incorporando nuestro suero de leche o Buttermilk, poco a poco.

Tamizamos la harina, la levadura, el bicarbonato y la sal. Y la vamos añadiendo a la mezcla anterior, poco a poco, y sin dejar de moverla con la varilla. La masa tendrá un aspecto de mousse de chocolate. Es este el momento de añadir las pepitas de chocolate. Yo usé chocolate negro, pero con blanco no queda nada mal tampoco.

Horneamos durante 25 minutos a 180ºC. Los primeros 10 minutos, sólo abajo. Y el resto del tiempo arriba y abajo con la misma temperatura.

Muffins_Chocolate_4Hace poco leí algo que me inspiró para mirar el lado positivo de las cosas, de todo. Y es que, por muy difíciles que se pongan estas historias de amor líquido, hay que defender la alegría que nos dan. Por muchos kilómetros que haya,

Defender la alegría como una trinchera.
Defenderla de la rutina y del escándalo, de las ausencias transitorias y definitivas.
Defender la alegría como principio, de las dulces infamias y graves diagnósticos.
Defender la alegría como un destino, como una certeza.
Defender la alegría como un derecho.

Muffins_Chocolate_3Nos leemos pronto. Gracias por seguirme.

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Sobaos

sobaos_portadaRara vez tardo más de diez minutos en caer dormida cuando me acuesto. Incluso hay épocas en las que podría quedarme dormida en cualquier momento del día sin ningún problema. Otras, en cambio, tengo tantas ganas de estar despierta, de hacer cosas, que dormir me parece perder el tiempo. Será que mi cuerpo se está preparando para el ajetreo que está por venir que llevo unos días en que dormir es lo que más me apetece. Pero el sábado, ante la alternativa de echarme la siesta o meterme en la cocina, decidí hacer sobaos. Nada me pareció más apropiado.

sobaos_1Sobaos… y lo escribo y me da por pensar en los dos significados que ofrece el nombre de esta deliciosa y suave mantecada. La dulce alternativa entre dar una orden amorosa a quienes están por quererse o describir a un grupo de personas bastante poco apetecible para hacer planes. Y es que, muchas veces, la vida se trata de eso, de elegir entre despertarse, darse cuenta de lo que se tiene que hacer, espabilarse, no perder ni una sola oportunidad, o quedarse frito, dormido, sobaíto perdío

sobaos_2Mi mensaje de hoy pretende ser claro. No sé hasta qué punto podemos permitirnos dejar que el “ya lo haré” le gane el pulso al “ahora o nunca”. Muchas veces es cuestión de un empujoncito, nada más. Así que, la lectura que queráis a hacerle a mis “sobaos” depende de con qué ojos me estéis leyendo…

Ingredientes para 12 sobaos bien hermosos (*)

  • 4 huevos medianos
  • 250 gr. de mantequilla sin sal en textura pomada
  • 300 gr. de harina bizcochona
  • 250 gr. de azúcar

(*) Una de las cosas más característica de esta receta es la sencillez de sus ingredientes. Por eso, hay que tener ojo con las cantidades que utilizamos. Luego, es pan comido!

Preparación

En primer lugar, dejamos que la mantequilla adquiera una textura pomada, cremosa. Puede ayudar el hecho de cortarla en taquitos e ir aplastándola con un tenedor. Es importante que esté muy suave antes de agregar ningún ingrediente más, por eso, no conviene meterla en el microondas.

Una vez que conseguimos la textura deseada, agregamos poco a poco el azúcar hasta que quede completamente integrada en la mantequilla, casi sin que se noten los granitos. Posteriormente, se añaden las yemas de los huevos, una a una, moviendo sin parar.

En otro bol, montamos a punto de nieve las claras de huevo y, con movimientos envolventes, las mezclamos con la mantequilla, el azúcar y las yemas. Por último, añadimos poco a poco la harina tamizada. Cada vez costará más el amasado porque resulta ser una masa pastosa, casi como la pasta de dientes, diría yo.

En mi caso, yo misma monté los papelitos propios de los sobaos o las mantecadas con ayuda de este vídeo y unos cuantos folios, aunque creo que también se pueden encontrar en tiendas especializadas.

Precalentamos el horno a 180ºC y horneamos durante 17 minutos arriba y abajo. Como siempre, lo de los tiempos y temperaturas suele variar mucho de un horno a otro, fijaos en que tengan el color y aspecto típico de los sobaos.

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Siendo una receta así de sencilla de hacer, con unos ingredientes tan básicos, yo creo que hice bien en sustituir mi siesta por experimentar. Y es que dicen, sin caer en la cursilería barata, que sólo es capaz de realizar los sueños el que cuando llega la hora sabe estar despierto. ¡Buena semana a todos!

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Croissants de San Valentin

Croissants_portadaBien. Llegados a este punto es hora de pronunciarse sobre el tema. Pero antes de nada tengo que contaros una historia. El otro día salí a cenar con unas buenas amigas por Madrid a uno de los sitios más de moda de la ciudad..¡claro que sí! ¡teníamos cosas que celebrar! ..aunque nos costase coger mesa una hora y pico y cenar dos hojas de lechuga y una croqueta cada una.Croissants_1

Nos contamos las novedades, criticamos a los hombres desde todos los puntos de vista posibles y tras dos cervezas (y media) llegamos al día de San Valentín. Como mujeres independientes, racionales, inteligentes y nada absurdas, dijimos sin dudarlo un sólo minuto que “¡¡vaya tontería más tonta esa del Día de los Enamorados!!¡¡yo paso!!“. Claramente, esa opinión nos duró poco más de diez segundos cuando admitimos que en realidad molaría muchísimo que nos llegara un ramo de cincuenta rosas rojas y una tarjeta de un admirador a casa o al mismísimo trabajo.Croissants_2

Pues bien. Un clásico femenino “Sí, pero en realidad NO”, un típico “No me pasa NADA“, o un genuino “tú sabrás, a mí me da igual“… Sin ánimo de caer en topicazos, y mucho menos, sin intención de tirar piedras sobre mi propio tejado o desvelar aquí mismo “el secreto”, es cierto que a veces somos un poco absurdas. Y esta puede ser una buena prueba.

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El Jueves

Llegué a Huelva pensando que, aunque caiga en lo absurdo, a mí este año me apetecía apuntarme al carro y hacer una receta que inspirase amor, tontería, San Valentín y romanticismo comercial: galletas en forma de corazón, magdalenas con forma de corazón, bizcochos con forma de corazón… Y de repente caí en la cuenta de que la repostería tradicional, trabajada, con sus tiempos de levado, de reposo, de frío, de calor, sus ingredientes de primerísima calidad… es mucho más parecido al amor que lo de echar colorante artificial o amoldar para darle forma de corazón a algo que naturalmente no la tiene.

Croissants_3Así que no me costó mucho llegar a la receta que os traigo hoy. Lo cierto es que llevaba un tiempo queriendo aprender a hacerlos porque creía que iba a ser algo difícil de conseguir, como el amor, y porque resulta ser la receta perfecta para hacer a quien mande las cincuenta rosas rojas por San Valentín al mismísimo puesto de trabajo. Así que va por mis lectoras con suerte. Bien merece cincuenta rosas esta panda de veinticinco croissants, por cierto.

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Ingredientes para la masa madre

  • 110 ml. de leche entera
  • 25 gr. de levadura fresca de panadería o dos sobres de la seca
  • 170 gr. de harina de fuerza

Ingredientes para el resto de la masa

  • 340 gr. de harina de fuerza
  • 80 ml. de agua
  • 1 huevo
  • 80 gr. de azúcar
  • 5 gr. de sal
  • 250 gr. de mantequilla sin sal de primerísima calidad

Preparación

La preparación de los croissants no es demasiado difícil. Hay que aprender a hojaldrar, que básicamente es hacer que la mantequilla no esté integrada en la masa como habitualmente, sino intercalada en pequeñas capas.

En primer lugar, para preparar la masa madre, en un bol echamos la harina tamizada y la levadura (si es de sobre, mezclamos bien, y si es de la fresca, deshacemos con los dedos), echamos la leche y amasamos. Debe quedar una bola compacta. En otro bol con agua templada (que no notemos ni frío ni calor), echamos la bola y dejamos que crezca de tamaño y empiece a flotar. Tardará de 15 a 20 minutos.

Mientras tanto, ponemos el taco de mantequilla sobre film transparente extendido sobre la encimera y lo tapamos también con el film, como si fuera un libro. Una vez así, con el rodillo, extendemos la mantequilla hasta dejarla con un grosor de 10 mm. Es como si forrásemos una cartulina de mantequilla con film transparente. Guardamos en el frigorífico mientras preparamos el resto de la masa.

En otro bol, batimos el huevo, incorporamos el agua, la sal y el azúcar y la harina tamizada y amasamos durante 15 minutos. Posteriormente, incorporamos la masa madre anterior como un ingrediente más. Amasamos durante otros 15 minutos. Dejamos levar la masa en un lugar cálido durante dos horas en el bol y tapada con un paño húmedo. Antes de que acabe el tiempo de levado, aprovechamos para sacar la mantequilla extendida del frigorífico para que tenga algo más de temperatura.

Ahora es el momento de hojaldrar.

  1. Extendemos la masa con forma de un rectángulo (más grande que la cartulina de mantequilla) sobre la encimera con un grosor de 10 mm. Dividimos mentalmente el rectángulo en tres partes. Ponemos la mantequilla extendida sobre una de las partes del rectángulo (la de en medio), siendo posible cerrarlo con una de las partes de masa que queda sin cubrir de matequilla y después con la otra (como quien cierra una carpeta). A esto se le llama doblez. Una vez hecho esto, se mete en el congelador forrada con film durante 30 minutos.
  2. Pasado este tiempo, la sacamos del congelador y extendemos la masa con el rodillo en la misma dirección, haciéndola más fina (10 mm.) y repetimos el proceso de doblez. Dividimos mentalmente la masa en tres, doblamos hacia el centro una de ellas y luego la otra. Nuevamente, en este punto doblamos la masa otra vez a modo de libro (son dos dobleces, por lo que se verían como cuatro partes de masa de perfil). La metemos en el frigorífico durante 30 minutos.
  3. De nuevo, se repite el paso anterior. Sacamos del frigorífico y con el rodillo extendemos la masa, con el rodillo en la misma dirección la hacemos más fina (10 mm.) y hacemos un nuevo doblez, pero esta vez simple. Lo llevamos al frigorífico y lo dejamos durante otros 30 minutos.
  4. Pasado este tiempo, se extiende la masa sobre la encimera (que es aconsejable que esté fría) y se extiende con el rodillo hasta hacerla de 10 mm. de grosor. Quedará como un rectángulo mucho más largo. Con el cuchillo, se hacen triángulos del mismo tamaño para hacer los croissants. Se hace un pequeño corte en la base, se separan las puntas (lo que serían los cuernos) y se enrolla el croissant desde la base hasta la punta.

Ahora, ya colocados en las bandejas (con bastante separación entre sí, porque crecen bastante), los dejamos reposar en un lugar cálido durante dos horas. Crecerán algo menos del doble de su tamaño.

Precalentamos horno a 175ºC. Una vez con la temperatura deseada, se hornean durante 17 minutos arriba y abajo. Como suele pasar con estas cosas, cada horno es de su padre y de su madre. Para guiaros sobre el tiempo que deben estar en el horno, mirad el aspecto en que os los comeríais. Deben quedar tostaditos por fuera y suaves por dentro.

Croissants_5Que San Valentín será un invento, pero tras mucho pensarlo y con la idea de ser cada día un poco más coherente, a mí me parece genial celebrar a nivel mundial lo que sea, pero personalmente prefiero los detalles inesperados, las rosas cuando sea (a veces basta con una) y las declaraciones a diario.

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Después de todo este rollo, no me voy sin dedicar la receta, por una parte, a las locas con suerte que reciban cincuenta, veinte, doce rosas de sus inteligentes chicos en este día.  Y, por otra, como no, a los locos enamorados que deciden sobre la marcha detalles románticos, tontos, comerciales y absurdos para sus desquiciadas chicas racionales, independientes y seguras.

¡Feliz día a todos! (estéis o no enamorados)

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Dom Petisco

IMG_20140202_130119En la ribera portuguesa del Guadiana, justo en frente de Isla Canela (Huelva), camino del espigón de Vila Real de Santo Antònio, hay un pequeño restaurante. Un sitio que concentra en su terraza todo el encanto propio de los pueblitos del Algarve y que esconde deliciosos manjares a buen precio y con vistas inmejorables. Este lugar ha sido escenario de algunos de los momentos más agradables para mi del año pasado, por eso el domingo quise que mi madre y yo nos diéramos un homenaje.

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Llegar es bien fácil. Es uno de los primeros pueblos que queda después de pasar la frontera a Portugal, Vila Real de Santo Antònio, y está bastante bien señalizado. Ir a comer allí es un plan que, en los fines de semana de invierno, puede ser improvisado, siempre y cuando no sea más tarde de las 14h. Desde donde vivimos no se tarda más de cuarenta minutos en llegar. Ahora bien, dada su espléndida localización y las calidades de su comida y precio, en verano es necesario reservar con varias semanas de antelación, ya que sino, es imposible coger una mesa, sea por la mañana o por la noche.

La primera vez que estuve fue en la terraza y era el mes de marzo. Pero, las temperaturas del invierno invitan más a quedarse en el saloncito interior, que tiene una decoración marinera sencilla y la comida es igual de deliciosa. El trato personal, amable y cercano de los camareros, que hablan español, llama la atención porque siempre recomiendan lo mejor y más fresco que tengan y siempre con una sonrisa.

Su plato estrella es el Arroz de marisco. Además de ser barato, está riquísimo y las raciones son muy abundantes. La primera vez que fui recuerdo que pedimos eso: Arroz de marisco para dos (y comimos tres). Además, siempre, acompañan la bebida con los entrantes típicos de la zona ..aceitunas, pan, mantequilla, paté de sardinas y quesito portugués.

IMG_0871La segunda vez fue en diciembre y nos aventuramos a comer en la terraza. Pero rápidamente nos arrepentimos porque había demasiado viento. Así que amablemente sonreímos al camarero, que ya nos había advertido de la posibilidad de pasar un poco de frío, y entramos. También comimos genial, gambas al ajillo y atún, y los entrantes, claro. IMG_20131214_170812

Ese día estuvo bien. La comida nos dio energía para avanzar por el espigón y llegar hasta la playa. Fue un paseo agradable, teniendo en cuenta que era diciembre, y compartimos kilometros de playa únicamente con unas estúpidas gaviotas y unos amables cangrejitos.

Nos quedamos hasta ver la puesta de sol. Ohhhh.

Y la última vez fue la excusa para pasar un día juntas mi madre y yo, que bien nos lo merecemos. Nos hicimos mil fotos, comimos realmente bien (los entrantes, gambas al ajillo, dos pargos acompañados de ensaladas, patatas cocidas y brocoli, y un par de cervezas), muy barato (30€ las dos), nos acordamos de la primera vez (y yo de la segunda) y tomamos café en la cafetería de la que hablé hace unas cuantas semanas…Estos planes madre-hija deberían ser ley.

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Bizcocho de plátano y yogur

portada bizcocho platyogAnoche tenía energía. Sería la siesta, el hecho de estar en mi casa o simplemente la alegría que tengo últimamente por todo. Así que, a eso de la media noche cuando mi madre y yo hacíamos sobremesa de la cena, dije… “voy a hacer un bizcocho”. Claro, os podéis imaginar la cara que puso mi madre de “Ahora?? Estás loca, niña”. Quizás sea un poco de loca eso de hornear a deshora. Llevará razón la mujer. Pero, es que las cosas a deshora hacen que la vida sea más especial, ¿no?

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Estoy segura que lo que habéis hecho a deshora lo recordáis más que lo que seguía su horario habitual. ¿Quién no se ha despertado a las 4 de la mañana para coger un avión con toda la energía que da la emoción de lo nuevo?¿Quién no se ha tomado una hamburguesa a las 3 de la mañana un día que se ha ido de las manos la cervecita?¿Habéis probado a bañaros en la playa o piscina de noche?¿Quién no se ha despertado de la siesta sin saber si era ese día o el siguiente?¿Quién no ha decidido de repente y a última hora hacer algo que resultó ser una gran idea? ¿Habéis probado la playa en invierno?

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El bizcocho de plátano y yogur es un bizcocho muy suave, de textura fresca y con mucho aroma. Como todos los bizcochos es muy fácil, es una cuestión de proporciones y echar el ojo a la temperatura del horno. Con estas cantidades sirve para dar de merendar a unos cuantos…

Ingredientes

  • 3 huevos
  • 300 gr. de harina
  • 200 gr. de azúcar
  • 2 plátanos
  • 1 yogur natural
  • 140 ml. de aceite de girasol
  • 1 sobre de levadura
  • Extracto de vainilla

Preparación

En un plato hondo, aplastamos los plátanos (ya pelados, evidentemente) con la ayuda de un tenedor. Haremos una especie de papilla a la que incorporaremos el yogur. Mezclamos bien.

En un bol, batimos los huevos e incorporamos el azúcar, la papilla anterior y el aceite. Removemos todo, integrándolo bien. Añadimos la harina con la levadura tamizadas poco a poco, sin dejar de remover. Se formará una masa algo más densa que la de un yogur griego. Notaremos perfectamente los cachitos de plátano que no hayan quedado completamente hechos puré (si esto no os gusta, podéis batir el plátano con el yogur con una batidora).

Finalmente, añadimos una cucharadita de café con el extracto de vainilla y mezclamos bien. Precalentamos el horno a 200ºC arriba y abajo, y mientras engrasamos el molde que vayamos a usar. Yo he usado uno alargado para darle el aspecto de Banana Bread, pero podéis usar el que os venga bien.

Horneamos durante 40 minutos a 200ºC arriba y abajo y a 180ºC sólo abajo durante unos 15 minutos más.

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Espero que os guste la receta. Muchas gracias por seguirme y ya que estamos FELIZ FEBRERO a todo el mundo… especialmente a los que cumplen años este mes, muaaa